Recibirse de Artista Bronx NY

Lunes, 13 Octubre   

Hay condimentos no indispensables pero que pueden jugar a favor a la hora de recibirme de artista: una niñez triste, una adolescencia taciturna, momentos de depresión, desengaños y hasta algún intento de suicidio ayudarán a crear mi imagen de espadachín precoz ante los incontinencias del vivir.

Por supuesto que debo recordar haber pasado hambre, no tanto por cuestiones económicas ya que no poseer abolengo tarde o temprano se paga, pero si hablaré del ruido de mis tripas cuando decidí hacerme al mundo con mi arte debajo del brazo y una manta atada a una rama seca.  A la gente le gusta pensar “pasaba hambre y ahora todos le invitarían a cenar”.

Será bueno a la hora de citar mis fuentes, musas o influencias, alejarme lo más posible de las reales; así puedo nombrar la influencia de Artaud en mi música, la del teatro japonés en mi cine, la de los ritmos africanos en mi poesía o la navegación vikinga en mi actuación.  De está manera nadie podrá rastrear mis robos y la desorientación declarará a mi favor en el juicio contra mi inteligencia.